Hola. Hola, ¿qué tal? ¿Cómo andás? ¿Todo bien? ¿La salud? ¿Los niños? ¿El perro? ...
Evitemos la bienvenida, porque en verdad nunca me he ido por lo que parece ser. He repetido la misma escena alrededor de 24 veces (sin exageraciones). Por la fiebre, por la obsesión, por la isquemia o por la hipocondría. Me da igual por lo que haya sido. Veinti y cuatro veces, una detrás de otra. Un infierno detrás de otro que ha sido completamente horrible.
El dolor y la repetición casi me dejan en una noche infinita. Ahora se exactamente que no hay mayor castigo que la eternidad.
Por favor Dios mio, si existes, déjame morir. Renuncio a la vida eterna. Quiero terminar igual que empecé. Antes de nacer estaba muy contento. Tranquilito y sin agobios. Pues eso mismo quiero que sea mi premio. No me vengas a ofrecer cosas como la vida eterna. Ni a la derecha, ni a la izquierda ni en el centro del padre. En ningún sitio.
De verdad, muchísimas gracias, pero yo no quiero. Si es necesario ser más malo todavía para ganarse eso avísame. Que yo me mancho las manos de sangre si hace falta. Todo sea por poder dormir sin soñar, sin respirar, sin dolor, sin vivir.
No tengo ni ganas de hacer la revisión. Me da la impresión de que voy a reventar en cualquier momento (ojalá me pille cerca de Caniles para no reventar en vano). Los gánglios están aumentando de tamaño y los oídos me están matando.
Eso me pasa por abusar de los excesos. No obstante prefiero este mal a otro mal. No me voy a quedar en la cama toda la vida, y los planes de la semana que viene llevan escritos mucho tiempo.
Solo intento llegar al día 100 con la mitad de la mitad de lo que esperaba llegar. Que no es poco ...
