21 de abril de 2012

El día 83.


No hay más vida no hay. No hay más risa. No hay más llanto, no hay. No hay más canto. No hay más lluvia, no hay. No hay más rabia.
Llévame donde donde estés. Llévame.
Cuando alguien se va quien se queda sufre más.

He perdido el rumbo totalmente. Se me ha olvidado para lo que he venido y estoy perdiendo el tiempo de forma exagerada. Y encima de todo me siento satisfecho de que el tiempo me haya abordado el tiempo y que me lleve una ventaja descomunal.
Si sigo perdiendo el tiempo de esta forma se me va a pasar la vida y yo voy a estar en el mismo sitio mirando al infinito y con cara de pan.
He hecho un escalón que no es nada sencillo. Un escalón duro y que inevitablemente estaba en primera posición. ¿No ha sido para tanto no? Solo es cuestión de hacerlo y de no darse la vuelta.
Esto es lo mismo. Es cuestión de hacerlo y no darse la vuelta. Estamos al borde del abismo. Fue ayer cuando empezamos a levantar la cabeza y hoy casi vamos a terminar de sacar el cuello.
Me voy hasta el día 99. El día 100 (que no se que día es del mes) ya veremos lo que hacemos. Pero por ahora llegar. Una vez allí comentar.
¿Te has dado cuenta la cantidad de personas diferentes que veo todos los días? Madre mía, hay tantos ...

18 de abril de 2012

El día 79.

¿Los ves? Yo tenía razón. Como nunca. Pero hoy ha sido la excepción. Nunca tenemos que tirar nada porque nunca se sabe cuando podemos necesitarlo.
Se coge, se usa, se agradece y se guarda. Pero no se guarda como las típicas madres guardadoras - que se les rompe la ducha y guardan la goma - sino guardar de dejar ahí apartado y saber donde está en todo momento.
Hay que regarlo, cuidarlo, felicitarlo por navidad y por su cumpleaños, saludarlo muy de vez en cuando y lamerle el pabellón auditivo las veces justas y necesarias.
Y cuando lo necesites entonces CATAPUM!!! Ahí lo tienes.
Es lo mejor de lo mejor. Así que ya sabes, a partir de ahora no tiramos nada de nada de nada. Todo guardado en cajas debajo de la cama aunque sea. ¡¡ Mierdas!! Venid a mi.

¿Tú qué? ¿Tocándote los huevos? Pues ala, sigue, sigue, no lo dejes por mi. Que mi presencia no sea motivo de disputa entre tu conciencia y tu vello púbico. Pero no me vengas a tocar la próxima vez que me veas. Gentucilla ... te debo un puñetazo de los gordos.

Hoy estamos en 46,5 K espero que para el día 100 ronde los 45 K o menos. Pero de forma estable, es lo que más me importa ahora mismo. Ammm! Y por mucho que haya escrito o dicho, claro está y claro queda que lo que funciona de forma infalible es lo de siempre. Por muy peligroso que sea.

16 de abril de 2012

El día 78.

La verdad no dicha que se oxida en mentira.
El amor no expresado que se acumula en odio.
El estrés arrastrado hasta el drama.
El miedo que reposa en la ignorancia.
La manzana apunto de ser mordida.
...
...
...
Lo mejor de tener una raja en la falange es que soy capaz de sentir los latidos de mi corazón justo en la yema del dedo.
Antes creía que siempre se afirmaba que el corazón era el órgano más importante del cuerpo por su referencia poética. El cerebro es gris, deforme, baboso, rugoso y asqueroso. El corazón es rojo, redondeado, tiene un ritmo muy salado, es brillante y delicado.
No necesitamos a Lorca para elegir a la victima perfecta.
Sin embargo ahora pienso que hay algo más. El corazón bombea directamente proporcional a nuestro estado emocional. Si amo a una persona puedo sentir en mi dedo índice ese pum pum a punto de arrancarme el apósito. Cuando camino el pum pum se atenúa. Parece querer recordarme que está ahí y que me mantiene vivo. Que gracias a él puedo seguir adelante. Pero no parece querer ningún reconocimiento por ello.
Sin embargo en este momento ... el pum pum tiene un ritmo aterrador. Te está odiando. ¿Puedes oírlo? Este pum pum ... suena como los tambores de las minas de Moria. Empiezan a oírse por lo lejos. Describen el silbido que arrastra un viento de invierno. No dejan de resonar en mi cabeza ...en mi dedo. Es odio. Es locura. Ya vienen ...

De esta me voy a escapar tarde o temprano. Quizás más tarde que temprano, eso no me importa pero me voy a escapar. Una vez que esté fuera te aseguro que tendré la lección muy, pero que muy bien aprendida. Con la lección bien aprendida no tendré piedad en pisarte la cabeza y mirarte a los ojos mientras te escupo en la cara.
No te voy a tener las más mínima piedad no te quepa la menor duda. Si de buenas soy malo, agárrate para verme molesto contigo. Si hecho polvo tengo la maldad de un diablo espera a ver mi odio fluyendo por mis venas.
Dicho pues,  amenazas a parte, gracias por enseñarme a odiar otra vez. Es una sensación rara, pero me indica que mi corazón se está cerrando. Ya queda poco, muy poco. Pronto dejaré de sentirlo en mi dedo. Pronto, mis ojos tendrán su color nativo.
¿Lo has oído? ¿no? Claro ... es parte del juego.

15 de abril de 2012

El día 76.

En lados distintos de la alambrada. Con vidas muy distintas. Tan distintas que buscando un sentimiento barato y superficial describe cada una de sus penas de niño. Los escritores recurren a eso. Rozar el nervio directamente conectado al corazón es la mejor manera de provocar un sentimiento que a la larga fermenta y se vuelve "bonito".
Seguro que las cosas fueron más agrias aún que como las cuentan. Pero expresadas en la relatividad de un niño de 9 años ... la cosa cambia. Nos crea un sentimiento nuevo, de nostalgia, de amor, de empatía por la situación.
No está mal. Cojo nota.
Con mi polo de gala (10€) me iré presuntuoso por el mismo sitio y en las mismas ruedas en las que vine. No hay muchas alternativas. No puedo ni se hacer otra cosa que volver al horno. Ya tiene la temperatura idónea para empezar a cocerme ...
Pero sus dos ojos blancos tienen razón ... estoy "capulleando". Si sigo así tendré que darle la razón a la enena ... ¿Lo voy a permitir? ¿Mi orgullo chapado por una mediana? Ni pensarlo ... Así tenga que dormir con los dos ojos abiertos. Así tenga que rendirme a los placeres de la cafeína. Así tenga que vender cosas que nunca he comprado. Jurado por Snoopy y por Xena, la princesa guerrera.

10 de abril de 2012

El día 71.

Hagamos que nuestra sangre riegue las rosas negras de un jardín sembrado en invierno. Hagamos que nuestro dolor ahogue el canto de los pájaros y haga alzarse un Sol rojo. Hagamos que el tiempo no arrastre nuestro olvido. Hagamos que la suciedad de la repisa nos recuerde para toda la eternidad. Hagamos que nuestro nombre se escriba con carbón caliente en las puertas de los infieles.
Hagamos que nuestro alma sea inmortal. Hagamos que el silencio que escribimos perdure para siempre en las memorias de quienes nos han amado.
Hagamos que estos cuatro días sean inolvidables. Aunque nos cueste el último suspiro de vida. Aunque tengamos que pedir un préstamo de unos segundos. Aunque la deuda no se salde. Aunque no haya compensación para tanto dolor.
Hagámoslo. Matemoslo y bailemos sobre su cadáver.
Hagámoslo y dejemos constancia de ello.
Dan igual los motivos. No importa que no haya testigos. Dejemos atrás los prejuicios.
Mañana al salir el sol te esperaremos mi amor. Es la última oportunidad. Es la última gota de esperanza que queda. Hasta entonces, mi tesoro.

9 de abril de 2012

El día 70.

¿Qué remedio que seguir respirando? Días de tormento se supone que compensan segundos de felicidad. Felicidad que es mentira. Que descansa en la envidia. En la ilusión. En el olvido. En el pasado.
Antes de terminar de perder la cabeza prefiero acabar en el fondo del mar.
Si ya no merece la pena ni amanecer ni escribir, ni levantarse, ni comer, ni dormir ... ¿qué queda? Cadáveres mirándome con cara de odio. Sábanas sucias esperando en una cama partida por un gigante de hielo. Segundos que se me deben pero que jamás se me pagarán. Un reloj que avanza sin avisar de su marcha. Pergaminos acumulados en la mesa esperando a que les llegue la hora.
¿Con qué ojos voy a llorar a mis seres queridos cuando mueran? Si después de esto mis ojos se van a secar. No voy a poder volver a levantar la cabeza jamás. El aire no se colará por mi nariz como antes.
Todo se ha podrido. La maldad de un 90 ha florecido por fin. Da igual donde me esconda. Da igual al continente que huya. Siempre vendrá detrás de mi. Porque soy yo mismo.
¿Te acuerdas cuando íbamos por la calle y un golpe seco calló mi filosofía? A la izquierda un hombre tirado en el suelo, casi ni podía moverse, y la rueda de una moto estaba parando de girar unos pocos metros más allá. Mi cara torno de color. Tu cara se preguntaba qué había para cenar esa noche.
No es sencillo dejar de dormir. Pero esta vez es necesario para sobrevivir.

4 de abril de 2012

El día 66.

Cada vez que muero, vuelvo a la vida con la fuerza del último final. Morir es lo más doloroso que he experimentado jamás. El dolor de cada intento supera siempre a la última vez. Es cíclico. Se va repitiendo. Mi corazón se para, pero la sangre no deja de pasar. Una pinzada me atraviesa los pulmones y la primera que se rinde al dolor es mi espalda. Una vez en el suelo empieza la agonía. Los intentos por revertirlo son siempre inútiles. Cierro los ojos y me vendo. Dejo de pelear. Muero.
Luego otra vez volvemos a la misma historia. Cables atravesando mi carne. Luces deslumbrando mis pupilas. Ángeles en bata blanca a mi alrededor. Me miran con cara de reproche. Como si hubiese sido mi culpa. Como si yo quisiera estar allí.
Al final me regañan como a un niño pequeño que ha vuelto a abusar de las chucherías. Me dan unas palmaditas en la espalda y vuelvo a casa otra vez. A empezar mi nueva vida. A jurar que esa vez será la última vez. A gritarle a las paredes oscuras.
Lo que ningún médico ha recetado aún es la pastilla para dejarme ir en paz. La pastilla del perdón. La que me haga escribir la última poesía. La que corte por la sano.
Hasta otro día nene. Ve en paz, de verdad. No me repitas más tu nombre porque ya me lo se de memoria. Vamos a coser hojas de papel de los dientes.

3 de abril de 2012

El día 64.

No había derecho. Era mi cuento. Mi historia. Mis normas. No me lo tenían que haber quitado todo de golpe, dejándome tan solo. Escribiendo silencios eternos. Corriendo ríos de tinta que no hacen otra cosa que pintar mis mañanas.
Pero todo es en vano. Mis mañana ya no volverán a tener el mismo color. Ni siquiera habrá mañanas como tal. Solo el momento de dejar de soñar. Dejar de amargarme en lo puramente escrito.
No se cuánto queda. Pero quede lo que quede ya me queda muy claro que no voy a aguantar tanto tiempo. Me quedo por el camino. Como siempre. Tirado en una charca, sin nadie a quien llorarle.
No se me dan bien las despedidas. Soy más de desaparecer sin más. Soy más de morir en mi propia agonía. Soy más de callarme. Soy más de mentir.

1 de abril de 2012

El día 62.

Igual es meter demasiada mierda de golpe. Algo puede reventar por algún lado y sin avisar. Pero bueno, siempre pasan las mismas cosas y siempre planeamos los mimos resultados infalibles sin posibilidad de error.
Esta vez si que habrá posibilidad de error. Un margen enormemente pequeño. No será una prohibición drástica, pero si que estará ahí.
Son ya muchos días. Muchas noches sin dormir. Mucho sufrimiento acarreado a las espaldas.
Tanto, tanto tanto ... para luego nada. Ese quizás sea el problema del problema. Exagerar lo que luego no viene siendo para tanto. No seré ni el primero ni el último que mira debajo de sus pies y el vértigo le hace apartar la cabeza. No soy el único que cree desangrarse, pero lo único que le pasa es que se está olvidando de beber agua.
Basado en mi mundo pinto con mi tempera negra lo que me da la gana. Escribo lo que me da la gana. Mira hacia donde me da la gana. Precisamente por eso. Porque es mi mundo y aquí mando yo. Aquí yo hago lo que quiera. No me queda nada que pedir a nadie. Solo mírame. Ya quedan menos días. Y aunque la sangre con la que firmé este contrato hace mucho tiempo que se derramase y ya está seca, el contrato sigue encima de la mesa. Y no se me va a olvidar. Ten por seguro que a mi no se me va a olvidar. Nada me puede hacer romper las normas.
Por mucho que me esté retorciendo no te preocupes. Nunca serás capaz de escuchar mis gritos. Te lo juro.