Cada vez que muero, vuelvo a la vida con la fuerza del último final. Morir es lo más doloroso que he experimentado jamás. El dolor de cada intento supera siempre a la última vez. Es cíclico. Se va repitiendo. Mi corazón se para, pero la sangre no deja de pasar. Una pinzada me atraviesa los pulmones y la primera que se rinde al dolor es mi espalda. Una vez en el suelo empieza la agonía. Los intentos por revertirlo son siempre inútiles. Cierro los ojos y me vendo. Dejo de pelear. Muero.
Luego otra vez volvemos a la misma historia. Cables atravesando mi carne. Luces deslumbrando mis pupilas. Ángeles en bata blanca a mi alrededor. Me miran con cara de reproche. Como si hubiese sido mi culpa. Como si yo quisiera estar allí.
Al final me regañan como a un niño pequeño que ha vuelto a abusar de las chucherías. Me dan unas palmaditas en la espalda y vuelvo a casa otra vez. A empezar mi nueva vida. A jurar que esa vez será la última vez. A gritarle a las paredes oscuras.
Lo que ningún médico ha recetado aún es la pastilla para dejarme ir en paz. La pastilla del perdón. La que me haga escribir la última poesía. La que corte por la sano.
Hasta otro día nene. Ve en paz, de verdad. No me repitas más tu nombre porque ya me lo se de memoria. Vamos a coser hojas de papel de los dientes.
4 de abril de 2012
3 de abril de 2012
El día 64.
No había derecho. Era mi cuento. Mi historia. Mis normas. No me lo tenían que haber quitado todo de golpe, dejándome tan solo. Escribiendo silencios eternos. Corriendo ríos de tinta que no hacen otra cosa que pintar mis mañanas.
Pero todo es en vano. Mis mañana ya no volverán a tener el mismo color. Ni siquiera habrá mañanas como tal. Solo el momento de dejar de soñar. Dejar de amargarme en lo puramente escrito.
No se cuánto queda. Pero quede lo que quede ya me queda muy claro que no voy a aguantar tanto tiempo. Me quedo por el camino. Como siempre. Tirado en una charca, sin nadie a quien llorarle.
No se me dan bien las despedidas. Soy más de desaparecer sin más. Soy más de morir en mi propia agonía. Soy más de callarme. Soy más de mentir.
Pero todo es en vano. Mis mañana ya no volverán a tener el mismo color. Ni siquiera habrá mañanas como tal. Solo el momento de dejar de soñar. Dejar de amargarme en lo puramente escrito.
No se cuánto queda. Pero quede lo que quede ya me queda muy claro que no voy a aguantar tanto tiempo. Me quedo por el camino. Como siempre. Tirado en una charca, sin nadie a quien llorarle.
No se me dan bien las despedidas. Soy más de desaparecer sin más. Soy más de morir en mi propia agonía. Soy más de callarme. Soy más de mentir.
1 de abril de 2012
El día 62.
Igual es meter demasiada mierda de golpe. Algo puede reventar por algún lado y sin avisar. Pero bueno, siempre pasan las mismas cosas y siempre planeamos los mimos resultados infalibles sin posibilidad de error.
Esta vez si que habrá posibilidad de error. Un margen enormemente pequeño. No será una prohibición drástica, pero si que estará ahí.
Son ya muchos días. Muchas noches sin dormir. Mucho sufrimiento acarreado a las espaldas.
Tanto, tanto tanto ... para luego nada. Ese quizás sea el problema del problema. Exagerar lo que luego no viene siendo para tanto. No seré ni el primero ni el último que mira debajo de sus pies y el vértigo le hace apartar la cabeza. No soy el único que cree desangrarse, pero lo único que le pasa es que se está olvidando de beber agua.
Basado en mi mundo pinto con mi tempera negra lo que me da la gana. Escribo lo que me da la gana. Mira hacia donde me da la gana. Precisamente por eso. Porque es mi mundo y aquí mando yo. Aquí yo hago lo que quiera. No me queda nada que pedir a nadie. Solo mírame. Ya quedan menos días. Y aunque la sangre con la que firmé este contrato hace mucho tiempo que se derramase y ya está seca, el contrato sigue encima de la mesa. Y no se me va a olvidar. Ten por seguro que a mi no se me va a olvidar. Nada me puede hacer romper las normas.
Por mucho que me esté retorciendo no te preocupes. Nunca serás capaz de escuchar mis gritos. Te lo juro.
Esta vez si que habrá posibilidad de error. Un margen enormemente pequeño. No será una prohibición drástica, pero si que estará ahí.
Son ya muchos días. Muchas noches sin dormir. Mucho sufrimiento acarreado a las espaldas.
Tanto, tanto tanto ... para luego nada. Ese quizás sea el problema del problema. Exagerar lo que luego no viene siendo para tanto. No seré ni el primero ni el último que mira debajo de sus pies y el vértigo le hace apartar la cabeza. No soy el único que cree desangrarse, pero lo único que le pasa es que se está olvidando de beber agua.
Basado en mi mundo pinto con mi tempera negra lo que me da la gana. Escribo lo que me da la gana. Mira hacia donde me da la gana. Precisamente por eso. Porque es mi mundo y aquí mando yo. Aquí yo hago lo que quiera. No me queda nada que pedir a nadie. Solo mírame. Ya quedan menos días. Y aunque la sangre con la que firmé este contrato hace mucho tiempo que se derramase y ya está seca, el contrato sigue encima de la mesa. Y no se me va a olvidar. Ten por seguro que a mi no se me va a olvidar. Nada me puede hacer romper las normas.
Por mucho que me esté retorciendo no te preocupes. Nunca serás capaz de escuchar mis gritos. Te lo juro.
30 de marzo de 2012
El día 60.
Por primera vez me ha pasado. Y mola muchísimo, es lo mejor que me podría haber pasado. He perdido la cuenta.
Es la primera vez que hay algo más importante en lo que pensar, y solo por eso merece la pena enormemente.
Se te olvida comer cuando estás agonizando ... es más importante sobrevivir.
De la misma manera, se te olvida sufrir cuando te lo estás pasando bien. Es más importante disfrutar.
Sea como sea e importe lo que importe, lo que hay que saber es en qué momento puedes parar y cuando hay que seguir avanzando (no como anoche, que seguía, seguía y seguía y pensé que me partía) ...
Como todo, encontrando tu límite escondido, lograrás lo que quieras. Y una vez que sepas lo que quieres y porqué lo quieres, ya solo te queda conseguirlo, que es el paso más fácil, si lo que quieres, lo quieres con la suficiente fuerza, y es lo suficientemente importante como para acordarte de ello y olvidarlo todo.
Es la primera vez que hay algo más importante en lo que pensar, y solo por eso merece la pena enormemente.
Se te olvida comer cuando estás agonizando ... es más importante sobrevivir.
De la misma manera, se te olvida sufrir cuando te lo estás pasando bien. Es más importante disfrutar.
Sea como sea e importe lo que importe, lo que hay que saber es en qué momento puedes parar y cuando hay que seguir avanzando (no como anoche, que seguía, seguía y seguía y pensé que me partía) ...
Como todo, encontrando tu límite escondido, lograrás lo que quieras. Y una vez que sepas lo que quieres y porqué lo quieres, ya solo te queda conseguirlo, que es el paso más fácil, si lo que quieres, lo quieres con la suficiente fuerza, y es lo suficientemente importante como para acordarte de ello y olvidarlo todo.
26 de marzo de 2012
El día 56.
He visto la misma película, tantas y tantas veces ... me la se ya de memoria. Se cuando toca llorar, se cuando toca reírse, se cuando llega la decepción ... Nada me es ya nuevo. Ya no hay sorpresa.
Lo único que no paran son los días. Da igual la fiebre, da igual el dolor, da igual el desgarro, da igual la pena ... ¡¡hasta el miedo da igual!! Los días no paran ni esperan a nadie. Pase lo que pase, por muy importante que sea el evento. Siempre hacia delante y sin mirar atrás o a los lados. Adelante, adelante, adelante ...
Estadísticamente da igual lo que patalee. Me puedo pasar el resto de mi vida pataleando y llorando como la rabieta de un niño pequeño, pero va a dar absolutamente igual. Nada va a servir de nada al final. Ni las alegrías ni los llantos. Nada.
Entonces, ¿para qué? la pregunta más importante de todas, superando incluso al famoso "¿por qué?" ... ese para qué que nadie será capaz de responder jamás. Ese para qué, que aunque hagas miles de hipótesis, nunca podrás contrastar ninguna. Ese para qué que a pesar de ser la clave, seguimos ignorando y nos conformamos sin respuesta. Seguimos adelante sin saber para qué seguimos adelante.
Todavía me queda mucha sangre que escupir. Mucha vida que malgastar. Muchas lágrimas que derramar. ¿Para qué?
Para terminar por primera vez en mi vida lo que he empezado. 900 días.
Lo único que no paran son los días. Da igual la fiebre, da igual el dolor, da igual el desgarro, da igual la pena ... ¡¡hasta el miedo da igual!! Los días no paran ni esperan a nadie. Pase lo que pase, por muy importante que sea el evento. Siempre hacia delante y sin mirar atrás o a los lados. Adelante, adelante, adelante ...
Estadísticamente da igual lo que patalee. Me puedo pasar el resto de mi vida pataleando y llorando como la rabieta de un niño pequeño, pero va a dar absolutamente igual. Nada va a servir de nada al final. Ni las alegrías ni los llantos. Nada.
Entonces, ¿para qué? la pregunta más importante de todas, superando incluso al famoso "¿por qué?" ... ese para qué que nadie será capaz de responder jamás. Ese para qué, que aunque hagas miles de hipótesis, nunca podrás contrastar ninguna. Ese para qué que a pesar de ser la clave, seguimos ignorando y nos conformamos sin respuesta. Seguimos adelante sin saber para qué seguimos adelante.
Todavía me queda mucha sangre que escupir. Mucha vida que malgastar. Muchas lágrimas que derramar. ¿Para qué?
Para terminar por primera vez en mi vida lo que he empezado. 900 días.
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