Hagamos que nuestra sangre riegue las rosas negras de un jardín sembrado en invierno. Hagamos que nuestro dolor ahogue el canto de los pájaros y haga alzarse un Sol rojo. Hagamos que el tiempo no arrastre nuestro olvido. Hagamos que la suciedad de la repisa nos recuerde para toda la eternidad. Hagamos que nuestro nombre se escriba con carbón caliente en las puertas de los infieles.
Hagamos que nuestro alma sea inmortal. Hagamos que el silencio que escribimos perdure para siempre en las memorias de quienes nos han amado.
Hagamos que estos cuatro días sean inolvidables. Aunque nos cueste el último suspiro de vida. Aunque tengamos que pedir un préstamo de unos segundos. Aunque la deuda no se salde. Aunque no haya compensación para tanto dolor.
Hagámoslo. Matemoslo y bailemos sobre su cadáver.
Hagámoslo y dejemos constancia de ello.
Dan igual los motivos. No importa que no haya testigos. Dejemos atrás los prejuicios.
Mañana al salir el sol te esperaremos mi amor. Es la última oportunidad. Es la última gota de esperanza que queda. Hasta entonces, mi tesoro.
10 de abril de 2012
9 de abril de 2012
El día 70.
¿Qué remedio que seguir respirando? Días de tormento se supone que compensan segundos de felicidad. Felicidad que es mentira. Que descansa en la envidia. En la ilusión. En el olvido. En el pasado.
Antes de terminar de perder la cabeza prefiero acabar en el fondo del mar.
Si ya no merece la pena ni amanecer ni escribir, ni levantarse, ni comer, ni dormir ... ¿qué queda? Cadáveres mirándome con cara de odio. Sábanas sucias esperando en una cama partida por un gigante de hielo. Segundos que se me deben pero que jamás se me pagarán. Un reloj que avanza sin avisar de su marcha. Pergaminos acumulados en la mesa esperando a que les llegue la hora.
¿Con qué ojos voy a llorar a mis seres queridos cuando mueran? Si después de esto mis ojos se van a secar. No voy a poder volver a levantar la cabeza jamás. El aire no se colará por mi nariz como antes.
Todo se ha podrido. La maldad de un 90 ha florecido por fin. Da igual donde me esconda. Da igual al continente que huya. Siempre vendrá detrás de mi. Porque soy yo mismo.
¿Te acuerdas cuando íbamos por la calle y un golpe seco calló mi filosofía? A la izquierda un hombre tirado en el suelo, casi ni podía moverse, y la rueda de una moto estaba parando de girar unos pocos metros más allá. Mi cara torno de color. Tu cara se preguntaba qué había para cenar esa noche.
No es sencillo dejar de dormir. Pero esta vez es necesario para sobrevivir.
Antes de terminar de perder la cabeza prefiero acabar en el fondo del mar.
Si ya no merece la pena ni amanecer ni escribir, ni levantarse, ni comer, ni dormir ... ¿qué queda? Cadáveres mirándome con cara de odio. Sábanas sucias esperando en una cama partida por un gigante de hielo. Segundos que se me deben pero que jamás se me pagarán. Un reloj que avanza sin avisar de su marcha. Pergaminos acumulados en la mesa esperando a que les llegue la hora.
¿Con qué ojos voy a llorar a mis seres queridos cuando mueran? Si después de esto mis ojos se van a secar. No voy a poder volver a levantar la cabeza jamás. El aire no se colará por mi nariz como antes.
Todo se ha podrido. La maldad de un 90 ha florecido por fin. Da igual donde me esconda. Da igual al continente que huya. Siempre vendrá detrás de mi. Porque soy yo mismo.
¿Te acuerdas cuando íbamos por la calle y un golpe seco calló mi filosofía? A la izquierda un hombre tirado en el suelo, casi ni podía moverse, y la rueda de una moto estaba parando de girar unos pocos metros más allá. Mi cara torno de color. Tu cara se preguntaba qué había para cenar esa noche.
No es sencillo dejar de dormir. Pero esta vez es necesario para sobrevivir.
4 de abril de 2012
El día 66.
Cada vez que muero, vuelvo a la vida con la fuerza del último final. Morir es lo más doloroso que he experimentado jamás. El dolor de cada intento supera siempre a la última vez. Es cíclico. Se va repitiendo. Mi corazón se para, pero la sangre no deja de pasar. Una pinzada me atraviesa los pulmones y la primera que se rinde al dolor es mi espalda. Una vez en el suelo empieza la agonía. Los intentos por revertirlo son siempre inútiles. Cierro los ojos y me vendo. Dejo de pelear. Muero.
Luego otra vez volvemos a la misma historia. Cables atravesando mi carne. Luces deslumbrando mis pupilas. Ángeles en bata blanca a mi alrededor. Me miran con cara de reproche. Como si hubiese sido mi culpa. Como si yo quisiera estar allí.
Al final me regañan como a un niño pequeño que ha vuelto a abusar de las chucherías. Me dan unas palmaditas en la espalda y vuelvo a casa otra vez. A empezar mi nueva vida. A jurar que esa vez será la última vez. A gritarle a las paredes oscuras.
Lo que ningún médico ha recetado aún es la pastilla para dejarme ir en paz. La pastilla del perdón. La que me haga escribir la última poesía. La que corte por la sano.
Hasta otro día nene. Ve en paz, de verdad. No me repitas más tu nombre porque ya me lo se de memoria. Vamos a coser hojas de papel de los dientes.
Luego otra vez volvemos a la misma historia. Cables atravesando mi carne. Luces deslumbrando mis pupilas. Ángeles en bata blanca a mi alrededor. Me miran con cara de reproche. Como si hubiese sido mi culpa. Como si yo quisiera estar allí.
Al final me regañan como a un niño pequeño que ha vuelto a abusar de las chucherías. Me dan unas palmaditas en la espalda y vuelvo a casa otra vez. A empezar mi nueva vida. A jurar que esa vez será la última vez. A gritarle a las paredes oscuras.
Lo que ningún médico ha recetado aún es la pastilla para dejarme ir en paz. La pastilla del perdón. La que me haga escribir la última poesía. La que corte por la sano.
Hasta otro día nene. Ve en paz, de verdad. No me repitas más tu nombre porque ya me lo se de memoria. Vamos a coser hojas de papel de los dientes.
3 de abril de 2012
El día 64.
No había derecho. Era mi cuento. Mi historia. Mis normas. No me lo tenían que haber quitado todo de golpe, dejándome tan solo. Escribiendo silencios eternos. Corriendo ríos de tinta que no hacen otra cosa que pintar mis mañanas.
Pero todo es en vano. Mis mañana ya no volverán a tener el mismo color. Ni siquiera habrá mañanas como tal. Solo el momento de dejar de soñar. Dejar de amargarme en lo puramente escrito.
No se cuánto queda. Pero quede lo que quede ya me queda muy claro que no voy a aguantar tanto tiempo. Me quedo por el camino. Como siempre. Tirado en una charca, sin nadie a quien llorarle.
No se me dan bien las despedidas. Soy más de desaparecer sin más. Soy más de morir en mi propia agonía. Soy más de callarme. Soy más de mentir.
Pero todo es en vano. Mis mañana ya no volverán a tener el mismo color. Ni siquiera habrá mañanas como tal. Solo el momento de dejar de soñar. Dejar de amargarme en lo puramente escrito.
No se cuánto queda. Pero quede lo que quede ya me queda muy claro que no voy a aguantar tanto tiempo. Me quedo por el camino. Como siempre. Tirado en una charca, sin nadie a quien llorarle.
No se me dan bien las despedidas. Soy más de desaparecer sin más. Soy más de morir en mi propia agonía. Soy más de callarme. Soy más de mentir.
1 de abril de 2012
El día 62.
Igual es meter demasiada mierda de golpe. Algo puede reventar por algún lado y sin avisar. Pero bueno, siempre pasan las mismas cosas y siempre planeamos los mimos resultados infalibles sin posibilidad de error.
Esta vez si que habrá posibilidad de error. Un margen enormemente pequeño. No será una prohibición drástica, pero si que estará ahí.
Son ya muchos días. Muchas noches sin dormir. Mucho sufrimiento acarreado a las espaldas.
Tanto, tanto tanto ... para luego nada. Ese quizás sea el problema del problema. Exagerar lo que luego no viene siendo para tanto. No seré ni el primero ni el último que mira debajo de sus pies y el vértigo le hace apartar la cabeza. No soy el único que cree desangrarse, pero lo único que le pasa es que se está olvidando de beber agua.
Basado en mi mundo pinto con mi tempera negra lo que me da la gana. Escribo lo que me da la gana. Mira hacia donde me da la gana. Precisamente por eso. Porque es mi mundo y aquí mando yo. Aquí yo hago lo que quiera. No me queda nada que pedir a nadie. Solo mírame. Ya quedan menos días. Y aunque la sangre con la que firmé este contrato hace mucho tiempo que se derramase y ya está seca, el contrato sigue encima de la mesa. Y no se me va a olvidar. Ten por seguro que a mi no se me va a olvidar. Nada me puede hacer romper las normas.
Por mucho que me esté retorciendo no te preocupes. Nunca serás capaz de escuchar mis gritos. Te lo juro.
Esta vez si que habrá posibilidad de error. Un margen enormemente pequeño. No será una prohibición drástica, pero si que estará ahí.
Son ya muchos días. Muchas noches sin dormir. Mucho sufrimiento acarreado a las espaldas.
Tanto, tanto tanto ... para luego nada. Ese quizás sea el problema del problema. Exagerar lo que luego no viene siendo para tanto. No seré ni el primero ni el último que mira debajo de sus pies y el vértigo le hace apartar la cabeza. No soy el único que cree desangrarse, pero lo único que le pasa es que se está olvidando de beber agua.
Basado en mi mundo pinto con mi tempera negra lo que me da la gana. Escribo lo que me da la gana. Mira hacia donde me da la gana. Precisamente por eso. Porque es mi mundo y aquí mando yo. Aquí yo hago lo que quiera. No me queda nada que pedir a nadie. Solo mírame. Ya quedan menos días. Y aunque la sangre con la que firmé este contrato hace mucho tiempo que se derramase y ya está seca, el contrato sigue encima de la mesa. Y no se me va a olvidar. Ten por seguro que a mi no se me va a olvidar. Nada me puede hacer romper las normas.
Por mucho que me esté retorciendo no te preocupes. Nunca serás capaz de escuchar mis gritos. Te lo juro.
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