10 de abril de 2012

El día 71.

Hagamos que nuestra sangre riegue las rosas negras de un jardín sembrado en invierno. Hagamos que nuestro dolor ahogue el canto de los pájaros y haga alzarse un Sol rojo. Hagamos que el tiempo no arrastre nuestro olvido. Hagamos que la suciedad de la repisa nos recuerde para toda la eternidad. Hagamos que nuestro nombre se escriba con carbón caliente en las puertas de los infieles.
Hagamos que nuestro alma sea inmortal. Hagamos que el silencio que escribimos perdure para siempre en las memorias de quienes nos han amado.
Hagamos que estos cuatro días sean inolvidables. Aunque nos cueste el último suspiro de vida. Aunque tengamos que pedir un préstamo de unos segundos. Aunque la deuda no se salde. Aunque no haya compensación para tanto dolor.
Hagámoslo. Matemoslo y bailemos sobre su cadáver.
Hagámoslo y dejemos constancia de ello.
Dan igual los motivos. No importa que no haya testigos. Dejemos atrás los prejuicios.
Mañana al salir el sol te esperaremos mi amor. Es la última oportunidad. Es la última gota de esperanza que queda. Hasta entonces, mi tesoro.