¿Quién confía en mi? Pues nadie. Y no los culpo, hacen muy bien en no confiar en mi. Porque no soy para nada de fiar. Traicionero, mentiroso y jugador a placer. Todo lo malo que te puedas imaginar en algún momento de tu vida, estoy seguro que ha pasado por mis manos sin excepción. Antes o después, eso es independiente, pero lo he hecho a mayor a menor escala. En esto no soy diferente, todos lo han hecho. Todos han tocado la maldad de cerca.
¿Crees que tú no lo has hecho? Pues te equivocas amigo lector. Solo necesitamos un par de juegos de palabras para que veas que efectivamente, en algún momento de tu vida has asesinado, has robado, has violado y has masticado tu lujuria con las muelas sucias.
La diferencia es, que yo admito con orgullo que lo he hecho. ¿Qué tiene de malo hacer el mal? Shakespeare dijo que "Nada es malo o bueno. Pensarlo, lo hace." No es que esté de acuerdo con este personaje, es que realmente me sirve para ejemplificar lo que quiero decir.
Creo en un Dios, pero no en un Dios con ojos, boca y un libro de normas.
Creo en lo bueno y lo malo, pero no creo en que todos lo crean de igual forma.
Creo en un camino libre, pero no creo en "no hagas lo que no quieres que te hagan".
¿Donde se ha quedado la justicia? ¿A quien pides explicaciones cuando la vida te apuñala?
Luchamos por una igualdad para personas QUE NO SON IGUALES. La justicia, la igualdad, la comprensión y la benevolencia no puede ser aplicada a todas las personas por igual. Debe ser ponderada. ¿Quién la pondera? ¿Un Dios vengativo? Quizás si, o quizás no.
No obstante, mi filosofía personal, va más allá del "vive y deja vivir" aplicada a lo que yo hago sería algo así como "vive como tú quieras vivir". No tengo porqué dar explicaciones de mis actos. Al único al que le debo lealtad es a mi mismo. A mi mismo es a quien tengo que rendir las cuentas de si lo que he hecho está bien o está mal.
Además, las cosas "malas" que hago, siempre pasan por una clara y exhaustiva revisión previa. En ella se evalúan los pros, los contras y por supuesto si debo o no debo hacerlo y en base a qué exactamente tomo esa decisión. No suelo dudar. No me suele temblar el pulso. No me avergüenzo de mi filosofía y no temo mi castigo en el hipotético caso de que la sociedad pensante y sabia se atreva a juzgarme.
No obstante hay algunas personas esparcidas por mi vida. Personas que me importan. Carne de mi carne, sangre de mi sangre o simplemente conocidos que se han colado en mi vida y forman parte de ella. Esas personas me hacen dudar. Obviamente tienen una filosofía distinta a la mía. Es imposible que alguien trace mi plan exactamente tal y como yo lo he trazado. Esas dudas son las que me hacen modificar mi filosofía constantemente. Y gracias a ellas puedo seguir evolucionando para llegar a lo que considere definitivamente bueno. Pero obviamente nada será consensuado para la posteridad. Todo está sobre cuarentena. Todo está bajo sospecha.
Mi filosofía es puntual, de un momento concreto, bajo unas condiciones específicas y únicas. Irrepetibles en el espacio y en tiempo. Es la filosofía reversiblemente cambiante.
Estoy preparando 3 tratamientos de choque que van a ser un poco mortales. Claramente en el hipotético caso de que los lleve a cabo en su totalidad.
El primero de ellos será el del verano. Dos meses (60 días semi-completos) donde no solo le voy a pegar un buen repaso al cuerpo, sino también a la mente. Tengo que aprobar todo un curso en el que me he tocado el escroto (a dos manos) y además regular la densidad peso y volumen. Algo muy difícil, pero más sencillo que estando en la fabulosa capital. Será aerobio a saco y sin parar, sin excepciones y con prioridades básicas. Por supuesto, con objetivos establecidos, que servirán de guía, aunque no serán mi bandera.
El segundo será de dos meses también. Septiembre y octubre. En estos segundos 60 días voy a tratar la piel de forma aerobia y anaerobia. Es decir, me voy a apoyar en cremas asquerosas (odio estos productos) y mi fabuloso plástico de cocina. Aumentaré la tasa de andar, y haré ejercicios específicos que son fáciles de realizar en la capital. Todavía tengo que regularlo y pensarlo (pues queda mucho tiempo, y las cosas van cambiando) pero básicamente es eso: Crema y tonificación.
El tercer tratamiento será el más "religioso de todos" es decir, gastar la crema de las estrías y rezar. Este tratamiento es muy dependiente de los otros dos. Porque en caso de no estar seguro, no voy a utilizar la crema de las estrías. Es un tratamiento muy invasivo y no estoy dispuesto a meter esa bomba si no estoy seguro de que será efectivo.
Planes que voy amasando y que no meteré en el horno por ahora, están en proceso de experimentación. Mientras llegan o no llegan, hasta el verano, lo que voy a intentar es restablecer el metabolismo primordial y establecer el balance neto. El objetivo de <79 kg está más que cumplido. Ahora solo falta eliminar ese "más" y dejarlo estable. Es lo bueno y más estos días de estrés.
En fin, no se hasta que punto escribiré sobre esto. En el verano que se supone tengo mucho tiempo, planearé o no la forma de hacer esto. En todo caso requiere demasiada voluntad. Voluntad que en el segundo eón ... quizás mucho pedir.
Pero tengo que confiar en mí ¿no? No puedo fallarme. No puedo decepcionarme otra vez. Porque si yo no me fío de mi ... ¿quién se fiará?
