La memoria se parece mucho al aprendizaje. Ambos se basan en lo mismo. Cosas muy pequeñas (neuronas) formando una red y un entramado casi imposible de desenlazar. Cuando vemos algo con nuestros ojos, por ejemplo una rosa roja, nuestros sentidos externos son estimulados (vista en este caso, quizás tacto, olfato ...) la señal del estímulo va nuestro cerebro donde se procesa y donde se aprende. Este "va" se refiere a que se va transmitiendo de neurona en neurona hasta la corteza cerebral que normalmente es la que interpreta el proceso.
Cuando recordamos, o hacemos memoria sobre la rosa roja, las neuronas que se activaron cuando percibimos por primera vez esa rosa, se vuelven a activar. Se sigue el mismo camino, el mismo juego, el mismo "circuito". Esa es la clave de la memoria: sentir lo mismo que cuando estuvimos en ese sitio.
En verdad, la rosa roja no está metida en mi cabeza. No hay una proteína, ni una célula, ni un elemento químico que almacene a la rosa roja. Solo hay una ruta que me hace sentir que estoy viendo la rosa roja.
Cuando un enfermo de cáncer olvida, olvida porque una célula crucial para la ruta muere. Entonces se corta el circuito y el enfermo es incapaz de recordar. No obstante pasados unos días vuelve a recordar, y encima de todo, con una lucidez sorprendente. ¿Por qué? Porque las células han encontrado otra ruta para conectarse. Bien los axones de las neuronas se han alargado y han conectado, o bien las células de la glía han hecho un "puente" para conectar ambas neuronas y poder volver a cerrar el circuito.
Las conclusiones de la teoría son que todos los recuerdos están conectados inevitablemente. Una cosa te puede llevar a otra muy fácilmente. Y la otra conclusión, y la más importante, es que es imposible olvidar algo. Todo se queda guardado, porque en verdad nunca está.
Es una paradoja. Los humanos creemos que los recuerdos son físicos. Son cosas que podemos tocar, que están hay dentro de nuestras cabezas ocupando un espacio. Pero es mentira. Solo hay neuronas, millones y millones de neuronas que juegan entre ellas y nos crean una sensación.
Aprender a convivir con los recuerdos es algo importante. Desensibilizar tu corazón al dolor es más importante todavía. Aprendemos mientras recordamos. Recordamos porque hemos aprendido.
