22 de febrero de 2012

El día 25.

El puto quita-penas. Ese que cuando las cosas te van genial, ahí está, en tu mente, queriendo compartir tu vida con él. Ese que cuando las cosas te van mal, ahí está, queriendo compartir tu dolor contigo. Ese cuando tienes hambre, ahí está, en tu mente con un Donut Fondant en la mano y con cara de lujuria desenfrenada. Ese que cuando llueve, ahí está, con tu paraguas rojo, parando todo el agua habida y por haber.
En definitiva, ese que está siempre, sea el día que sea, haga el día que haga, y pase lo que pase. Ahí está él. Haciendo bulto. De relleno explícito. En el momento más inoportuno.
Se queda pegado a tu mente como un chicle hecho con alquitrán de la famosa M-30. No se te va ni aunque te laves 3o veces al día, ni aunque escribas 20.000 versos, ni aunque compres todo el oro del mundo, ni aunque jamás vuelva a llover como antes ... No se te va. Imposible totalmente. Quítate de la cabeza que jamás te lo vas a quitar de la cabeza. ¡Y ya está! Y es así, y no hay llanto, y no hay arrepentimiento, y no hay pena, y no hay miedo, y no hay futuro ninguno, y no hay desperdicio de lágrimas. Es así. Axioma puro, duro, oscuro y con sabor a chocolate blanco. Se terminó la discusión. Si tienes alguna duda vuelve después de comer.
No veo forma de vivir con ello pegado toda la vida. Lo único que pienso es que necesito macerarlo durante mucho tiempo y durante muchos días. En la cama, un día tras otro, una semana tras otra, un mes tras otro, una mentira tras otra ... Al final, lo conseguiré. Creo.
La nueva norma de normas, escrita a fuego, subrayada a siete colores distintos, firmada con sangre y bordada en un manto con hilo de oro ... NO VER NADA MÁS