24 de febrero de 2012

El día 26.

Hacía tiempo que no me despertaba así la verdad. Un sentimiento incompleto que inunda el autentico sentimiento de la felicidad. Es lo que sientes cuando no sabes muy bien lo que eres capaz de sentir.
Todo da vueltas y no sabes qué nombre darle a tu estado. Se mezclan tantas cosas ... y ninguna tiene sentido. Nada importa, y lo sabes, pero aún así te sigues preocupando. Sigues amartillando tus tímpanos a fin de escuchar algo nuevo. Pero lo más curioso es que no hay nada nuevo que escuchar. Ya lo sabes todo. Ya te lo contaron todo el primer día. No ha cambiado nada, y tu eres como un punto en la nada susceptible a todo tipo de miradas, e críticas, de empujones sin sentido. Pero no puedes olvidar y es que nada ha cambiado. Todo sigue como antes. Acuérdate, porque antes no le debías nada a nadie. Ahora estamos en la misma situación. Quizás, si que es verdad, sea un poco distinto. La diferencia es que llevas 26 días, que aunque parezca poco es bastante tiempo. Es 1/4 de 1/9 ... eso no lo hace todo el mundo todos los días. Además, estás consiguiendo tu objetivo poco a poco. Y estás empezando a crecer. Ya no eres ese niño que no quería escuchar ... que quería hacer las cosas solito, sin ayuda, y se empeñaba en fracasar solo, sin el compromiso e miradas furtivas.
La historia ha cambiado un poco. No totalmente, el cambio no es cuestión de tiempo, sino de modalidad. La modalidad se consigue cuando pasa mucho tiempo. Un tiempo que tengo, y que estoy dispuesto a malgastar sin problemas. ¿Para qué quiero tanto tiempo, si no soy capaz e malgastarlo en condiciones? Lo mejor es malgastarlo y saborearlo con orgullo y alevosía.
Solo mírámé. Es lo único que te queda por hacer.